El aroma de los pesebres

El mundo sigue girando cada día por dos aspiraciones fundamentales de la humanidad, cuyos engranajes empujan su eje y lo hacen rotar. Dos motivaciones que desde siempre movieron al hombre: El poder y el Dinero.

Creamos este proyecto nuevo de Unión Progreso y Democracia con la esperanza de los niños, que nunca dejamos de ser, pensando que todavía era posible una tercera vía para empujar este mundo: la ilusión.

Esta ilusión que nos ha movido a dejarnos en nuestro itinerario, muchas horas robadas a nuestro tiempo, a nuestras familias y a nuestros bolsillos. Hemos empleado cientos de horas en reuniones, comunicación con los ciudadanos, organización del Partido, actos, elecciones, acciones formativas y un largo etc… que sería imposible de describir. Sería injusto no reconocer que también hemos cosechado amistades y hemos conocido a gente de mucha valía como “Valia Merino”.

También hemos aprendido a descubrir a los infames, a los arrivistas y a los falsos apóstoles. Pero sobre todo hemos aprendido lo que jamás debemos volver a hacer: la entrega incondicionada a una líder en pro de un manifiesto que hizo posible reavivar nuestras ilusiones, las que impulsaron nuestro ánimo y nuestro movimiento.

Hemos visto en el camino los pasteleos para conseguir cargos, incluso con zancadillas traperas. Todo con tal de saborear las ambrosías que proporciona el poder, o ¿el dinero?.

Todo está preparado, Rosa se lo ha guisado y creo que se lo va a comer. Ha cambiado las normas del juego y desde sus retribuidos aposentos, se ha hecho dueña de la creación de las reglas del mal y del bien. Los pastelazos, le besan los pies y le rinden las pleitesías de rigor. Todo por hacerse un hueco junto a la foto de la “rosa”.

Para todo esto no merecía la pena llegar hasta estos estadios, ya hubo otro partido que hizo lo mismo y que también tiene por símbolo una Rosa.

Pero seguimos como niños, cuya condición nos negamos a perder, no nos importa perder un Congreso con normas amañadas, lo que si nos dolería profundamente sería que también nos robasen nuestra ilusión.

El próximo viernes comenzará nuestra cúspide, o quizás nos sumerjamos en el irremediable y diluido vértigo de la desilusión.

No obstante, seguiremos siendo personas. Y a las personas no se las puede meter en los rediles, eso se lo dejamos a los que entran en manadas a los cerrados, pisoteándose unos a otros a ver quien llega primero para olfatear, siquiera, el aroma de los pesebres. ¡Atentos!

      Miguel Angel Castilla
      Andalucía - Sevilla

1 comentarios:

maria pilar | 18 de noviembre de 2009, 21:20

En alguna ocasión han acusado a los críticos de querer ir muy deprisa. De 'correr'. Sin reparar que uno no corre si no lo persiguen para acabar con la esperanza que debemos perder. Como tampoco debemos perder el humor. Ni hasta en el horror. Pero no para reír, ni siquiera sonreír, sino para seguir adelante pese a todo, pese a ser plenamente consciente de la tragedia a la que se asiste o de la que se forma parte.