La defunción de una diosa

Es la capital del reino, domingo, mañana tibia de los últimos días estivales en que ya se atisban los colores grisáceos del otoño. Los caballeros que antaño fuesen sus más fieles seguidores así como algunas antiguas damas de su corte se saludan y entrecruzan las miradas.
Nada que celebrar, se trata de certificar una defunción:

LA DEFUNCIÓN DE UNA DIOSA

Como suele ocurrir con todos los dioses creados por los hombres, su muerte no es física, simplemente ha perdido su aura divina dejando a la vista sus vergüenzas, mediocridades y debilidades humanas.

En realidad nunca dejó de ser mortal, por eso todos los asistentes se sienten en cierto grado culpables tanto de su endiosamiento como de su inevitable defunción.

Hay un sentimiento general de orfandad y vacío, nadie se explica cómo ha podido ocurrir, de forma tan repentina e inesperada, al más puro estilo de una estrella fugaz, ahora todos parecen ir despertando del profundo sueño producido por su encantamiento, en algunos casos todo comenzó con una fija mirada a la cara, en otros con un apretón de manos, una ligera palmadita en la espalda acompañada de una leve sonrisa o un guiño de ojos.........de cualquier modo el efecto encantador desaparece y de forma paulatina e inevitable la hermosa flor y su dulce fragancia se marchitan.......es cuestión de tiempo que la noticia llegue hasta el último rincón del pequeño estado compuesto de cientos de naciones que se solapan entre sí unidas por su incuestionable historia común....

Pero es en este preciso momento de confusión, ante tal caos generalizado y reproducido hasta en la más minúscula de las aldeas, cuando los ciudadanos se dan cuenta de que sus demandas no pueden depender de los caprichos de una única ciudadana que ya ni siquiera es diosa por haber mordido la manzana del único árbol prohibido en el paraíso.....así que comprendieron que había llegado la hora de ejercer y exigir los derechos que como ciudadanos les corresponde, porque LA “REVOLUCIÓN DEMOCRÁTICA DE LOS CIUDADANOS” SIGUE VIVA E IMPARABLE, y pasará por encima de cualquier personalismo que se interponga en su camino, contando para ello con sólo una herramienta: la ley escrita interpretada de forma justa, objetiva e independiente.

TEXTOS ILUSTRATIVOS ACERCA DEL TEMA PLANTEADO SOBRE ESTAS LÍNEAS:

Friedrich Nietzsche: La gaya ciencia, en la sección 125 («El loco»)

Dicho hombre, frenético o loco, cierta mañana se deja conducir al mercado. Provisto con una linterna en sus manos no cejaba de gritar: «¡Busco a Dios!» Allí había muchos ateos y no dejaron de reírse. Los descreídos, mirándose con sorna entre sí, se decían: «¿Se ha perdido?» «¿Se ha extraviado?». Y agregaban: «Se habrá ocultado». «O tendrá miedo». «Acaso se habrá embarcado o emigrado». Y las carcajadas seguían. El loco no gustó de esas burlas y, precipitándose entre ellos, les espetó: «¿Qué ha sido de Dios?» Fulminándolos con la mirada agregó: «Os lo voy a decir. Lo hemos matado. Vosotros y yo lo hemos matado. Hemos dejado esta tierra sin su sol, sin su orden, sin quién pueda conducirla... ¿Hemos vaciado el mar? Vagamos como a través de una nada infinita». Y en tono interrogativo y con énfasis prosiguió afirmando que nos roza el soplo del vacío, que la noche se hace más noche y más profunda, y que se torna indispensable encender linternas en pleno día. Manifestó que se oye a los sepultureros enterrando a Dios, agregando que tal vez tengamos que oler el desagradable tufo de la putrefacción divina, pues, naturalmente, los dioses también se pudren. Y siguió diciendo que lo más sagrado y lo más profundo se ha desangrado bajo nuestro cuchillo, preguntando, al mismo tiempo, si se podría encontrar un agua capaz de limpiar la sangre del cuchillo asesino. E inmediatamente puso en duda que la grandeza de este acto fuera propiamente humana. Y entendía que toda la posteridad se agigantaba con la magnificencia de este acto. Se puso colérico y echó al suelo su linterna y creyó reconocer que se había metido muy precozmente entre los hombres. Intuía que los oídos humanos no estaban todavía preparados para escuchar tales verdades. Porque el rayo, el trueno, la luz de los astros, y los actos heroicos de los hombres requieren su tiempo para arribar. Y este último acto mencionado se encuentra más lejos que los actos más lejanos. Los hombres nada saben de ellos y son ellos los que han cometido el acto. Dicen que el loco ese día penetró en varias iglesias y entonó un ''requiem aeternam deo''. Y cuando era arrojado esgrimía reiteradamente su argumento: «¿Qué son estas iglesias, sino tumbas y monumentos fúnebres de Dios?».}} Cabe preguntarse si el vacío dejado por la muerte de Dios no debe ser llenado de alguna manera. Y entonces, el ideal del hombre superior, del superhombre, con sus propios valores establecidos, que implican una reconversión de la valoración cultural de Occidente, no es el elemento que ha de llenar este vacío. Tal es el endiosamiento del hombre, de «el último hombre», el que ya no va a reconocer ningún poder por encima de él mismo.”


NECESIDAD DE COMPASIÓN, COMPRENSIÓN Y GENEROSIDAD EN EL LÍDER
© Geshe Kelsang Gyatso & New Kadampa Tradition

¿EN QUIÉN Y EN QUÉ DEBEMOS CONFIAR?
Hoy día hay una gran tendencia a creer sin titubear cualquier afirmación que proceda de alguien que disfrute de una buena reputación, pero si se trata de enseñanzas de un practicante modesto, aunque sean correctas y precisas, a menudo no las apreciamos ni creemos en ellas. Buda Shakyamuni advirtió a sus discípulos de las faltas de adoptar esta actitud incorrecta:

«No aceptéis mis enseñanzas solo porque me llamen Buda.»

Buda solía recordar una y otra vez a sus discípulos que no aceptaran sus enseñanzas con fe ciega, sino que las pusieran a prueba como cuando analizamos el oro para comprobar su pureza. Solo a partir de un razonamiento válido y de nuestra experiencia personal debemos aceptar las enseñanzas de cualquier persona, incluyendo las del mismo Buda.

En las enseñanzas sobre las cuatro confianzas, Buda nos da el siguiente consejo para lograr un entendimiento correcto de las enseñanzas:

«No confiéis en la persona, sino en el Dharma (La práctica del camino a la iluminación).
No confiéis en las palabras, sino en su significado.
No confiéis en el significado interpretativo, sino en el definitivo.
No confiéis en la consciencia, sino en la sabiduría».

El significado de estos versos es el siguiente:
  1. Cuando estamos decidiendo qué doctrina seguir, no debemos sentirnos satisfechos con la fama o reputación de un maestro determinado, sino que es importante analizar sus enseñanzas. Si después de nuestra investigación encontramos que sus enseñanzas son razonables y correctas, debemos aceptarlas, pero si carecen de estas cualidades hemos de rechazarlas por muy famoso o carismático que sea quien las expone.
  2. No debemos dejarnos influir solo por el estilo retórico o poético con que se expone una enseñanza en particular, sino que debemos aceptarla solo si su significado es razonable.
  3. No debemos sentirnos satisfechos meramente con el significado interpretativo de la verdad convencional, sino que hemos de confiar en el significado definitivo de la verdad última de la vacuidad y aceptarlo. Dicho de otro modo, debido a que las enseñanzas del método sobre la bodhichita y las enseñanzas de la sabiduría sobre la vacuidad, etcétera, son complementarias, no debemos sentirnos satisfechos solo con una clase de enseñanzas u otra, sino que hemos de practicarlas juntas.
  4. No debemos sentirnos satisfechos con estados mentales impuros o engañosos, sino confiar en la sabiduría de la meditación estabilizada de los Seres Superiores.
Si comprendemos estas cuatro confianzas y las utilizamos para evaluar la veracidad de las enseñanzas que recibimos, seguiremos el camino correcto. No tendremos puntos de vista erróneos ni caeremos bajo la influencia de maestros que nos induzcan a error. Seremos capaces de discernir de manera correcta entre lo que hay que aceptar y lo que hay que evitar, y por lo tanto no caeremos en faltas como el sectarismo.

      Jesús R. Pérez López
      Andalucía - Sevilla

3 comentarios:

Un Andaluz | 1 de octubre de 2009, 11:31

Me reapunto a esa revolución, revolución democrática de los ciudadanos, sin personalismos ni endiosamientos por parte de nadie, donde todos podamos defender, ejercer y exigir que se cumplan los derechos y obligaciones reflejadas en las leyes y normas, que en razonable libertad, nos hemos dado….y, si hay normas con las que no estemos de acuerdo, pongamos los medios legales para cambiarlas…pero que sean las “reglas de juego” interpretadas de forma justa, objetiva e independiente las que guíe nuestra forma de actuar y no la interpretación, personal e interesada, de determinadas/os iluminadas/os, por muy endiosados que hayan estado, estén, o puedan llegar a estar.
La ilusión de todos nosotros por una Democracia Real, permitió el nacimiento de Nuestro Partido, volvamos a los “orígenes”, todavía el tronco de éste árbol puede ser “enderezado”, sólo son dos años de vida, cumplamos lo que proclama nuestro Manifiesto y Estatutos, no dejemos que se confirme aquello,… de que, “entre todas/os lo matamos…pero, él sólo se murió”.

Saludos cordiales
Cristóbal Serón

imerida49 | 1 de octubre de 2009, 16:16
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fernando garcia | 1 de octubre de 2009, 19:24

Estimado Jesús: la verdad tu artículo prometía más si hubiéramos empezado por:
Es la capital del reino,sábado, mañana tibia(¿O no era sábado?). Así los asistentes a dicha defunción quedábamos mejor retratados.
Y ahora es que faltarán algunas novenas más donde seguiremos recordando a la difunta.
La difunta definitivamente es la diosa, ya ahora se perfila una persona que como nosotros va dotada de defectos cada día más notables pero caminando hacia lo sobresaliente y como se diría en el argot académico, hacia lo cum laude,(lo de summa, lo quito no sea que alguien lo confunda con suma cuando más bien resta).
Jesús, un muy buen retrato de uno de los actos más interesantes que se han desarrollado en la historia de este partido del que aún formamos parte(a pesar de las acciones de algunas figuras grotescas).