A propósito de la Ponencia Política (I)


Al hablar de la ponencia política quiero referirme especialmente a los contenidos del Título I de la misma –el que se refiere a la concepción del partido- haciendo salvedad de que los Títulos restantes puedan tener más importancia por si mismos (Reforma de la Constitución, Educación, Modelo económico, etc.), por ser precisamente su objeto lo que da sentido a la existencia del propio partido. Estando básicamente de acuerdo con la exposición de los mismos, el epígrafe referido al modelo de “Estado federal de intensidad media cooperativo” merecería un análisis por separado, no sólo por la trascendencia de su contenido, sino porque con su inclusión en la ponencia, la Dirección del partido vuelve a incurrir de forma contumaz en uno de los vicios a los que nos tiene desgraciadamente acostumbrados: el presentarnos como un hecho prácticamente consumado algo que no ha sido dado a conocer previamente ni puesto a debate en el seno del partido, que se ofrece para ser aprobado en la circunstancia que resulte más favorable para los intereses de quienes lo proponen. Pero nuestro interés se tiene que centrar inexcusablemente en lo que atañe al modelo de partido, porque es precisamente su controversia la que ha provocado la crisis que hoy sufre nuestra organización, que ha desembocado en la suspensión de militancia –en tránsito hacia su expulsión definitiva- de un número significativo de afiliados y a la petición de baja de otro número no menos importante. No nos sorprende en absoluto que, a las primeras de cambio, justificando la aparición de nuevos partidos, el ponente entone la cantinela – sin venir a cuento, y que ya hemos escuchado en otras ocasiones- contra la democracia electrónica y el fundamentalismo asambleario, en un intento de inventarse enemigos donde no los hay, o de querer justificar la represión en el interior del partido hacia quienes en el mismo sólo pretendemos la aplicación de los principios propios del sistema representativo, contra una forma de dirigir el partido que niega las reglas más elementales de la democracia deliberativa. Lo que sí nos sorprende es que un poco más adelante, el ponente se atreva a decir: “pero la falta de correspondencia entre los fines públicos de un partido importante y su funcionamiento interno, o entre los fines proclamados y el sentido genuino de su acción política, genera graves daños para el conjunto del sistema democrático, desde prácticas corruptas hasta el completo desprestigio de la política”. Desde luego, es evidente que si en el panorama político español hay un partido que es una pura contradicción entre los fines que proclama en su Manifiesto Fundacional –y el azote regenerador que esgrime ante los demás partidos- y su práctica interna, no cabe duda que es el nuestro. En 30 años de democracia no ha habido ningún partido en España que, habiendo convocado un Congreso, previamente expediente –con argumentos impresentables que son una pura ignominia- a su supuesta oposición interna, precisamente para que no pueda estar presente en el mismo tratando de defender unas propuestas distintas a las oficiales de la dirección del partido. Más adelante, después de hacer una exposición detallada, en la que podemos coincidir sin reservas, justificando la existencia de UPyD como un proyecto político de regeneración democrática, la ponencia desemboca de nuevo en el asunto mollar del modelo de partido. Se ataca a fondo a los partidos tradicionales de la democracia española, se critica (punto 28) la profesionalización de los cargos políticos como meros funcionarios del partido, y remata: “añadamos a esta profesionalización espuria la selección negativa, el proceso en virtud del cual los mecanismos habituales de cooptación de miembros del aparato dirigente del partido seleccionan y promueven a los sujetos más conformistas o más hábiles en el manejo de esas reglas de juego, en detrimento de los más críticos, independientes o innovadores”. En la ponencia se dicen estas cosas sin cortarse un pelo, y sin que se desencuadernen todas las estructuras de UPyD de una vez para siempre. Parecía imposible que algún día tuviéramos que llegar a contemplar semejante monumento de homenaje al descaro. Cualquiera que no le duelan prendas, y que se haya movido mínimamente entre las estructuras del partido, sabe fehacientemente que, casi desde el primer momento, la Dirección del partido ha ido cooptando a los miembros más afines por obediencia antes que por su capacidad y mérito; que ha intervenido directamente en la remoción de diversas Coordinadoras Territoriales y Provinciales, y que todo lo que acaecía en el partido respondía a un esquema de funcionamiento propio de un modelo de control fríamente diseñado y calculado. Que todo esto se explicara, en un principio, porque creímos que el partido no podía ponerse en marcha sin el otorgamiento de confianza que depositamos en Rosa Díez y en las personas que ella decidió personalmente que formaran el Consejo de Dirección, tenía una cierta lógica. Pero esta confianza se convirtió en un abuso cuando, además de diseñar la política del partido (que era su función), se pretendió controlar todo lo que se movía (incluidos los nombramientos de cargos) del Consejo de Dirección para abajo. En la ponencia, se trata de justificar toda la trayectoria que ha seguido el partido hasta ahora, sin ninguna clase de autocrítica y sin ninguna mala conciencia, y para ello se apoya en el sorprendente hallazgo de la necesidad de lograr un partido instrumental. Pero, ¿es que alguien conoce algún partido que no responda a una concepción instrumental en función de unos fines predeterminados? Todo esto no son más que ganas de confundir a los afiliados, que lo que quieren saber es quien maneja realmente el “instrumento”; o sea, si ese despreciable instrumento –y la organización sobre la que descansa- se rige por un funcionamiento democrático, y su estructura (principalmente su cúpula dirigente) está, a través de órganos adecuados, bajo el control de los propios afiliados o en manos de una camarilla. Pero esto del modelo de funcionamiento según el ponente no importa tanto, porque “conviene no perder de vista que, siendo necesario que los partidos funcionen internamente con el mayor grado posible de participación y debate en la toma de decisiones y promoción de liderazgo, dirigentes, y candidatos, resulta sumamente destructivo que el modelo de funcionamiento se convierta en la preocupación principal, hasta desterrar cualquier otro debate político y alienarse por completo de las preocupaciones públicas que justificaron su nacimiento. Resulta sintomático que los partidarios de dedicar todos los esfuerzos a diseñar una “democracia interna” perfecta sean también los más indiferentes al proyecto de reforma, mejora o regeneración de la democracia que realmente importa: la pública”. Dicho en román paladino: no preocuparos tanto del funcionamiento y de la democracia interna, olvidaros del “instrumento”, que no tiene mayor importancia y ocuparos de otras cosas, que son las importantes. Y, además, lo son de verdad (esto lo decimos nosotros). Lo que pasa es que los que manejan el aparato del desdeñable instrumento también se encargan de las otras cosas. Y si no júzguese lo que ha ocurrido hasta ahora en nuestro partido. Quienes han ostentado el monopolio de la organización también toman decisiones sobre cuestiones trascendentales que afectan a todos (les importe o no el modelo organizativo). ¿En qué debate han participado los afiliados sobre temas como el aborto, las centrales nucleares, las listas abiertas o cerradas; o, ahora, el modelo de estado federal? En ninguno, pero sí se han producido tomas de postura sobre estos temas, que son, oficialmente, las del partido. Lo que significa que sí hay una relación directa entre el modelo de partido y los proyectos de reforma de interés público o la regeneración democrática. Otra cosa distinta es que, de forma interesada, convenga disociarlos. En la ponencia, el concepto de partido instrumental va unido al de partido transversal. Por eso se afirma que “el proyecto originario de UPyD era crear un partido transversal, y lo sigue siendo”. Si la intención es verdaderamente ésta, no está claro que la realidad vaya en esta dirección. Desde el ideario inequívocamente transversal de los comienzos del proyecto hasta nuestros días, los acontecimientos sucedidos en todo este tiempo han transformado lo suficiente la faz del partido como para haber tocado notablemente su originaria transversalidad. En nuestra opinión, el partido es cada vez menos transversal, y esto tiene una lógica evidente. La transversalidad, tanto ideológica como política, requiere de un partido abierto y de una atmósfera interior bien oxigenada. Todo lo contrario de lo que realmente sucede, donde el aire que se respira está progresivamente enrarecido, el partido está cada vez más cerrado, la verticalidad de su funcionamiento y de sus decisiones no creo que nadie objetivamente la discuta, y el clima de desconfianza se ha hecho opresivo: los militantes afectos al aparato ya no dirigen la palabra a los llamados críticos, principalmente para que no se les vea con ellos. Esto está ocurriendo. La Dirección del partido ha optado definitivamente por la ortodoxia –internamente ya sólo se fía de los más próximos- y no está dispuesta a aceptar ninguna clase de discrepancia, y si ésta se produce se reprime sin contemplaciones, como se ha podido comprobar cuando se ha tenido que enfrentar al test de la libertad de opinión. En este clima, hablar de transversalidad es una trampa para incautos.

      Gerardo Hernández Les
      Andalucía - Málaga

4 comentarios:

imerida49 | 1 de septiembre de 2009, 9:37

http://imerida49-mrida.blogspot.com/2009/09/para-que-upyd.html

Josefina Fraile | 1 de septiembre de 2009, 11:28

Gerardo, leer tus escritos es todo un placer, por el fondo y por la forma. Tu genuidad, capacidad de análisis, y coherencia, son un verdadero lujo para un "partido nuevo". El que tú estés en el grupo de expedientados lo dice todo de UPyD y su triste deriva. Asisto incrédula a lo que sucede. Parece que va tomando forma la insólita expresión de alguien muy cercano a Rosa, de que ¡lo que este partido necesita, es un Rubalcaba...! Seguid luchando, por favor, para poner cordura en este proceso; porque no sois herejes, pero sí necesarios. Un abrazo. Josefina Fraile

J. | 1 de septiembre de 2009, 13:11

Andaba dándole vueltas a la Ponencia en sus Políticas, no sólo a lo de los cargos que tanto tienen ocupados a los más... hasta que por fin lo entendí:
Alguien, muy arriba, decidió darle la vuelta para comenzar al logotipo; y no es ya más "upd" (de Unión por el Progreso y la Democracia), sino "pdn" (osea, PARTIDO con DIRIGENTES NAT@S)...
Eso lo explica todo, ¿a qué consultar o debatir nada con más nadie?

imerida49 | 1 de septiembre de 2009, 16:00

Buenas: que puse un comentario sobre lo acertado y lo próximos que andamos de ideas los que aquí nos movemos y solo salió el enlace a mi Blog. Pido disculpas a quien proceda y doy las gracias por publicar tan solo el enlace pero había más. Había una reflerxión de ¿ para que necesitamos UPyD ? que está publicada en mi Blog y que quizas por extensa no ha entrado. Pero hay más ¿ porque no somos capaces de crear una alternativa o bien propia o en otro Partido que sea Democrático ?, pudieran ser los liberales o uno de corte Democratico que esté dormido donde nuestro empuje y conocimientos nos haga ser una alternativa digna. Es una idea,dado que parece ser que este ya está muerto; se admiten sugerencias aqui o en mi blog que está abierto para todos aquellos que lo deseen y no quieran o no sepan crearse uno propio. Saludos Ignacio Santander Cantabria