A propósito de la ponencia política (II)

Ateniéndonos a los hechos, el comportamiento de nuestro partido es como el de los demás, o puede que peor, si tomamos en consideración que ningún otro en tan poco tiempo ha desmentido tanto su discurso político hacia el exterior con su praxis interna. Si ahondamos en este argumento –y salvando todas las distancias que hay que salvar- UPyD se parece cada vez más al PSOE, lo que no deja de tener su lógica si somos capaces de adentrarnos sin prejuicios en nuestra particular intrahistoria.

El último epígrafe del Título I de la ponencia termina hablando de la “democracia interna”, con el ponente empleándose a fondo con el mismo celo apostólico con el que empezó. Si al principio nos prevenía contra unos enemigos invisibles, favorables a la democracia electrónica y partidarios del fundamentalismo asambleario, ahora nos advierte contra “ciertas corrientes de fundamentalismo político que también han tratado de colonizar a UPyD, intentan reeditar la forma tradicional de partido de masas o partido-comunidad en nombre precisamente de la democracia interna. Pero la identificación de la democracia interna de un partido con el sistema democrático en su conjunto es una falacia capaz de frustrar ese proyecto de regeneración democrática que se pretende abanderar más que nadie”.

¿Qué hay detrás de estas palabras? Pues, simplemente dos cosas:
  1. Que la democracia interna de un partido no tiene porque asemejarse a lo que por tal se entiende en un sistema democrático en su conjunto.
  2. Que en el universo particular de un partido, los límites de la democracia los marca el propio partido, es decir, sus dirigentes.
Esto queda claro cuando, más adelante, la ponencia dice (punto 69) que el principio de separación de poderes es necesario en un sistema constitucional, pero que el cumplimiento de ese principio es absurdo en un partido. Es decir, el partido ha funcionado hasta ahora sin que su máximo órgano de dirección estuviera bajo el control de ningún otro órgano, y se quiere continuar de la misma manera. Esto es un desatino desde el punto de vista democrático, pero no importa porque se supone que el precio que hay que pagar (sumado al que ya se está pagando) es asumible. Hasta las siguientes elecciones queda suficiente tiempo para tapar todos los boquetes que se puedan abrir.

Releyendo la ponencia uno llega a la conclusión de que la misma no tiene nada que ver con la UPyD real de carne y hueso, la que existe y la que, supuestamente, va a salir del Congreso. Es difícil que cualquier afiliado que se haya adentrado en la organización se reconozca en su exposición. Se trata de una construcción teórica, en lo tocante al Título I, engañosa de pies a cabeza, elaborada pensando en “venderla” a los medios de comunicación y a presuntos simpatizantes desconocedores de la realidad del partido. Un mero ejercicio de propaganda. Para terminar de entenderla es necesario leer la ponencia de Estatutos. Entonces ya podemos decir, parodiando a Dante, “lasciate ogni speranza”, sobre la regeneración democrática en el interior del partido.

Obsesionados con la necesidad de hipertrofiar el carácter ejecutivo del partido, el Consejo de Dirección tendrá, todavía, más poder que el que ya tiene. Asumirá todos los poderes y todas las competencias, y será prácticamente incontrolable. El partido se convertirá en una especie de organismo desnivelado, con un “núcleo duro” súper-pensante, súper-expeditivo, con un líder supremo indiscutido (como hasta ahora), y una base de militantes puesta a su servicio para recibir consignas. Todo esto si el Congreso no lo remedia. ¿Y quien remediará el Congreso? Bueno, esto, como diría Kipling, es otra historia.

Lo que nos queda claro es que la Dirección del partido, principal responsable por sus errores, de tener la Organización abierta en canal, en lugar de enmendarse en un ejercicio de diálogo conciliador, prefiere enrocarse y apostar por la engañosa seguridad que hay detrás del sectarismo, para negar la realidad del pluralismo. En la ponencia se prefigura el mismo modelo de partido (pero logrado) con el que salimos a la luz, ahora con mayores dosis de monolitismo, reforzado con el blindaje legitimador que les concederá un Congreso en el que se trabaja para que sea triunfal.

Si, hasta ahora, el partido tenía una coartada, hasta la celebración del Congreso, para no dar vía libre a la democracia; coartada que le ofrecimos los propios fundadores, en donde se mezclaron a partes iguales el sentido de la responsabilidad para proteger una criatura que nacía en un ambiente exterior donde todo estaba en contra, y la buena fe depositada en unas personas de las que se esperaba el mismo grado de reciprocidad en el compromiso de lealtad que auspiciaba el pacto de fundadores; ahora, conocidas las intenciones, salvo que haya un vuelco en el Congreso, sólo se puede esperar un futuro inmediato en el que las normas se sigan aplicando de forma arbitraria y unidireccional, que la desigualdad en el acceso y la distribución del poder adquieran cuasi rango de ley, la pluralidad no tenga otro reconocimiento que el puramente propagandístico, el control del poder sea estatutariamente un imposible, y la conculcación de derechos civiles fundamentales –póngase en primer plano la libertad de opinión- siga siendo una vergonzante seña de identidad. Estos rasgos que son los constitutivos de la democracia –sea en un sistema constitucional o en el interior de un partido- no parece que vayan a ser de posible aplicación en UPyD, a tenor del modelo de partido que se trasluce de la lectura del Título I de la ponencia política.

También parece evidente que el discurso regenerador de los primeros tiempos está agotado. De aquello de que todas las propuestas regeneradoras “requieren de una democratización de los propios partidos políticos” y de que “hay que cambiar los partidos para cambiar la política” (conferencia de Rosa Díez en el Club Siglo XXI, en mayo de 2008), a la ponencia que acabamos de analizar hay un trecho muy largo, aunque en un espacio de tiempo muy corto.

Hay quienes piensan que la experiencia vivida en este tiempo ha obligado a un cambio de estrategia, y, que siendo así, lo honesto sería explicar las razones de esta transformación y defender el nuevo discurso sin subterfugios de ninguna clase. Personalmente, soy de otra opinión. Estoy convencido que el modelo de partido tradicional que se expone en la ponencia –eso sí, aderezado con mil justificaciones teóricas- es el que estaba en la mente de los principales mentores del partido en el mismo momento de su fundación; pero si el 29 de septiembre de 2007 nos hubieran adelantado que el proyecto de regeneración democrática se pretendía afrontar con un partido como el que, presumiblemente, va a salir del Congreso, difícilmente hubiera sido posible despertar el entusiasmo que se generó en tanta gente, gracias a cuyo sacrificio el partido pasó de ser una ensoñación de unos pocos a una realidad institucional en el panorama político español.

      Gerardo Hernández Les
      Andalucía - Málaga

18 comentarios:

miguel angel | 3 de septiembre de 2009, 9:39

En una sola palabra el análisis de la Ponencia es ¡IMPRESIONANTE!
Gracias Gerardo por tu esfuerzo y por tu abnegada dedicación a la contribución de que la democracia sea una realidad en UPYD.
Miguel Angel Castilla

Funes Memorioso | 3 de septiembre de 2009, 14:24

"Se trata de una construcción teórica, en lo tocante al Título I, engañosa de pies a cabeza, elaborada pensando en “venderla” a los medios de comunicación y a presuntos simpatizantes desconocedores de la realidad del partido. Un mero ejercicio de propaganda. "

De acuerdo totalmente. Aunque generalizaría: no creo que sea sólo el Título I. Tal y como lo veo, la cúpula de UPyD piensa siempre en clave de propaganda. He tratado de justificarlo con un caso concreto como hilo conductor (de nuevo, el voto electrónico):
UPyD y la propaganda.

Saludos cordiales.

J. | 3 de septiembre de 2009, 15:07

Una pequeña matización (que no pretende rebatir, sino solo ampliar un poquito, tu muy buen análisis): si avanzamos por 'la ponencia Política' -como sin duda tienes en mente hacer...- lo que mejor podríamos concluir es que 'UPyD se parece cada vez más a esos "partidos tradicionales", tan bien definidos y descalificados en esta misma ponencia'.
Lo del PSOE ya tú lo dijiste, ¿y lo del PP? Pues, en cuanto llegues al último capítulo, va: "UPyD se inspira en una concepción liberal de la economía; por ello propugna que la intervención del Estado sea limitada y principalmente atienda la corrección de los fallos del mercado"...; "El mercado, normalmente, asigna recursos de manera eficiente"...
¡Vaya ejemplo de "transversalidad, osea ni las derechas ni las izquierdas..."!

plazamoyua | 3 de septiembre de 2009, 18:18

Sí, el análisis es etupendo. No diré que superior, pero al menos tan buyeno como el del propio Carlos Martínez Gorriarán. Ya sé que es muy conocido a estas alturas, pero deberíamos recitarlo todas las noches hasta aprenderlo de memoria. Así que no me llaméis pesado:

Carlos Martínez Gorriarán, ABC, 29-3-2006. La democracia en los partidos. A Rosa Díez.

... El sistema democrático funciona mejor o peor gracias al sistema constitucional de equilibrio de poderes y contrapoderes, y sobre todo por la concurrencia de partidos rivales que compiten entre sí, obligando al otro a moderarse y a tratar de sintonizar con la ciudadanía que le vota...

LA democracia de los partidos políticos no es un asunto interno, sino un problema que afecta e interesa al conjunto de la sociedad. La reciente defenestración de Rosa Díez de la Comisión de Libertades Civiles del Parlamento Europeo, perpetrada por la dirección de su partido con modos y argumentos incoherentes con los requisitos democráticos y el sentido común, acaba de actualizar ese problema, pero conviene aclarar que el PSOE no es, de ningún modo, el único partido sorprendido en semejantes tejemanejes autoritarios. Lo cierto es que son la norma, porque las deficiencias democráticas de los partidos no son de derechas ni de izquierdas: tienen poco que ver con la ideología fundadora y mucho con el modelo de organización y gestión del poder.

Los partidos están estructurados de modo que un pequeño aparato de dirección, organizado en círculos concéntricos de poderío decreciente y dependencia creciente del aparato central, gobierne sin oposición sobre un gran número de afiliados y administre, también sin oposición, un número todavía mayor de votos considerados como simples cheques en blanco extendidos a un portador al que no es posible pedirle cuentas hasta las siguientes elecciones. Por eso Popper definió la democracia como ese sistema donde todo se reduce a votar un cambio de gobierno cada cierto tiempo, y sin ninguna garantía de que el nuevo vaya a mejorar la trayectoria del precedente.

La gran paradoja es que el sistema constitucional que los partidos están llamados a legislar y gobernar tiene exigencias democráticas que aquéllos no admiten en su seno.

Las constituciones democráticas instituyen un sistema de contrapesos entre los distintos poderes que tiene la misión de frenar, compensar o corregir la tendencia a concentrar la decisión en un número muy reducido de personas, con el consiguiente incremento del abuso, la arbitrariedad y la corrupción. En realidad, un sistema democrático no es aquel donde la corrupción o los abusos sean imposibles, como piensan los afectados por el síndrome de Peter Pan, sino un sistema que permite perseguir y depurar esas conductas con garantías jurídicas. El mismo sentido tiene la limitación constitucional de competencias gubernamentales, y la preservación de los derechos inalienables -de las personas, no de los colectivos- para limitar la intromisión del legislativo y el poder judicial en las vidas privadas. Pues bien, nada de eso funciona o cuenta en los partidos políticos, donde los aparatos disfrutan de un poderío comparable al casi omnímodo de un concilio medieval: definen la doctrina y la herejía a erradicar, emiten anatemas e indulgencias y proclaman excomuniones irrevocables.

sigue ...

plazamoyua | 3 de septiembre de 2009, 18:19

... continuación:

Es cierto que los estatutos de los partidos garantizan muchos derechos a los militantes e imponen numerosas limitaciones a los cargos, pero la inexistencia de competencia interna en forma de oposición reconocida, y la coincidencia de las funciones de juez y parte en los mismos círculos de poder, suelen dejarlas en nada. Todos los esfuerzos se dirigen a reforzar el monolitismo y a excluir a los disidentes, prioridad que a la larga redunda en el empobrecimiento intelectual de los cargos partidarios, cooptados entre la afiliación más sumisa y más ansiosa de disfrutar la carrera política que sólo el partido -el aparato- puede darle. Por eso la disparidad pública se entiende como una muestra dramática de división, nunca de un pluralismo no deseado, y por lo mismo se procura evitar que en los congresos del partido se presenten dos o más candidaturas a los órganos de gobierno. De ocurrir, la minoría derrotada sabe que tiene los días contados. Y es ese leviatán demoledor, irrespetuoso con las minorías, cerrado a la sociedad e impermeable a la argumentación de ideas, quien está llamado a gobernar una sociedad que pretendemos abierta, pluralista y basada en la rivalidad permanente entre ideas, grupos e intereses muy diversos, legítimos o no.

Sin embargo, no existen alternativas democráticas racionales al sistema de partidos políticos. Las opciones asamblearias, comunitaristas o corporativas acaban siendo ferozmente antidemocráticas. ¿Dónde está pues la solución? Quizás en que los partidos estén obligados a imitar el funcionamiento de la democracia, y no al contrario.

El sistema democrático funciona mejor o peor gracias al sistema constitucional de equilibrio de poderes y contrapoderes, y sobre todo por la concurrencia de partidos rivales que compiten entre sí, obligando al otro a moderarse y a tratar de sintonizar con la ciudadanía que le vota. Sin embargo, la degeneración del funcionamiento interno de los partidos también acaba poniendo esto en peligro. El catalán se ha convertido en un caso paradigmático de esta deriva, y ya ha afectado a toda España.

Como es sabido, el 90 por ciento de los diputados del Parlamento catalán, con la solitaria excepción del PP, aprobaron un proyecto de Estatut inconstitucional que la mayoría de la sociedad catalana ni reclamaba ni entendía. Las encuestas más favorables coincidían en que apenas el 55 por ciento de los catalanes apoyaban el nuevo texto, y en que menos del 35 por ciento apoyan la idea de que Cataluña sea una nación. Por tanto, las razones que han movido a los partidos catalanes -y muy especialmente el PSC- a pretender lo contrario con insólita cuasiunanimidad hay que buscarlas en la lucha de los aparatos partidarios por blindar un conjunto de competencias exclusivas que nadie ajeno al establishment pueda disputarles ni revocar en el futuro: su propia carrera política. Naturalmente, este sórdido deseo de monopolio garantizado por ley -cuya muestra más elocuente es la obscena importancia política dada a la explotación del rentable aeropuerto de Barcelona- va convenientemente envuelto en la retórica emocional del nacionalismo más rancio y decimonónico. Pero con el nuevo Estatut, Cataluña no es siquiera una romántica nación cultural, es simplemente una carrera política reservada a los aparatos partidarios.

¿Podrían mejorar este panorama reformas como las listas abiertas, la tutela legal y judicial de la democracia en los partidos, considerada como asunto de interés público y no privado, o un funcionamiento de las instituciones parlamentarias menos sometidas a la disciplina del voto? Es posible, o quizá no. De cualquier manera, ya es hora de tomar conciencia de que algunos de los peores problemas políticos que padecemos -Estatut catalán y normalización vasca, por ejemplo- obedecen, en realidad, a problemas internos que los partidos exportan unilateralmente al conjunto de la sociedad.


Por CARLOS MARTÍNEZ GORRIARÁN. Profesor de Filosofía. Universidad del País Vasco
29-3-2006 09:03:06

Mármol | 3 de septiembre de 2009, 20:10

"Estoy convencido que el modelo de partido tradicional que se expone en la ponencia –eso sí, aderezado con mil justificaciones teóricas- es el que estaba en la mente de los principales mentores del partido en el mismo momento de su fundación".
Menudo párrafo utiliza para justificar su actitud. O sea que les tomaron el pelo. Que no tenían ni idea de por dónde iba la cosa. Vaya por Dios. Ya que lo siento, porque a determinadas edades entiendo que esas cosas deben doler más y sobre todo para alguien de su posición.
Sin embargo, y disculpe, creo que al igual que Mikel Buesa debió hablar primero con Nicolás Redondo Terreros para que le recordara, como hizo con Mikel, "que hay edades en las que no debe uno afiliarse a un partido político".
Y posiblemente sea eso. Que no es fácil entender el funcionamiento de un partido político. En otra ocasión se me ocurrió utilizar el simil de una empresa y por poco me apredrean, si alguien no lo hizo. Pero sigo pensando lo mismo. Y cada vez que leo comentarios del estilo del suyo no me queda remedio que pensar que sí, que aún hay quienes tienen un sentido tan utópico de la política que no entienden lo que sucede. Y piensan que lo que se pregona para toda la sociedad es lo mismo que se puede hacer en una estructura jerarquizada, por muy partido político que sea. Y las cosas ni pueden ni deben funcionar asi, porque para que haya un partido fuerte tiene que haber un núcleo granítico.
Mi experiencia en relaciones con empresas de amplio prestigio y reconocida productividad me indica que el camino adecuado no pasa por defender lo que Ud. plantea por mucho que nos duela. Porque en las jaulas de grillos sólo hay ruido.

Administrador | 3 de septiembre de 2009, 23:04

Hola plazamoyua, gracias por el recordatorio, pero bastaba con que hubieras puesto este enlace:

https://sites.google.com/site/estanoeslawebdeupyd/carlos-mg-1

De todas formas, gracias.

Administrador | 3 de septiembre de 2009, 23:26

Pues nada Mármol, atento a la refundación de Falange Española y de las JONS, que ahí si que encontrarás jerarquía y, a poco que te empeñes, paso de oca e himnos patrióticos.

Sé que hilar argumentos basados en hechos y razones,requiere forzar, quizás demasiado, tus neuronas, pero por muy histórico que digas ser en Basta Ya, cosa que dudo, a la próxima que trates de denigrar en esta web a cualquiera basándote en los clásicos argumentos de los fascistas como aspecto físico, edad, raza, condición sexual, etc, será un placer banearte.

Segunda y última advertencia.

Josefina Fraile | 4 de septiembre de 2009, 4:01

Marmol, su nick, desde luego, le hace justicia. Lo digo por la nula sensibilidad de su escrito cuyo trasfondo sádico y discriminador produce náuseas. Es como si se hubiera descolgado de una liga fascista del siglo pasado. Entiendo que es usted un ser impresionable y que la frase de Nicolás Redondo Terreros le ha impresionado, hasta el punto de utilizarla como arma arrojadiza en un debate serio, a falta de argumentos serios. No oso imaginar el sello que ha podido dejar usted en la política de aquellas empresas de amplio prestigio y alta productividad en las que ha fraguado su experiencia. En todo caso ellas no parecen haberle preparado para mantener el respeto adecuado por las personas en un debate sobre el cumplimiento de las cláusulas suscritas en un contrato social. Visto que le gustan las frases con moraleja, le contaré una estupenda. "Napoleón le preguntó a uno de sus oficiales más cercanos, que le dijera cual era la diferencia más notable entre ellos dos. La respuesta fue: yo soy más grande, señor. No, le dijo, Napoléon, usted es tan solo más alto". Cuestión de matices. Pues eso, tendrá usted menos años que Gerardo Hernández Les, pero en la vida tendrá su grandeza. Y por cierto, este país ya tiene partidos fuertes. En cualquiera de las dos multinacionales políticas existentes, apreciarán sin duda su rendición sin reservas ante la jerarquía. La mayoría de los que suscribimos UPyD, queremos un partido que simplemente esté a la altura de sus predicamentos. Y en ello estamos. Si esta lucha no es la suya porque la coherencia es para usted una utopía, posiblemente tenga futuro en este mismo partido, si las cosas no cambian en el congreso de noviembre. Josefina Fraile

Mármol | 4 de septiembre de 2009, 7:54

Discúlpeme Sr. Administrador, pero no le he entendido.
¿Me lo podría explicar, por favor?
¿Denigrar? ¿Argumentos fascistas?
Por favor...

Manuel | 4 de septiembre de 2009, 9:41

Señor Hernandez Les:

Me ha impresionado el primer párrafo de su comentario, pues sintetiza al máximo las razones que tuve yo para darme de baja en UPyD hace casi un año.
Es decir, la flagrante contradicción entre los principios proclamados y la práctica real y que fuese cada vez más un partido cuasiPSOE.
Sólo quería decir esto, pues en lo demás yo ya no tengo ningún interés y creo que el proyecto UPyD es algo totalmente muerto.

saludos

Protágoras | 4 de septiembre de 2009, 12:49

Gracias, Gerardo, por tu detallado análisis, y por el tiempo (del que otros carecemos) y del esfuerzo que dedicas a este tema. El espíritu crítico y la pluralidad de voces y de opiniones es imprescindible. Yo desde luego no he estado 20 años sin votar, ni (en contra mis mejores instintos) me he afiliado a un partido político (cosa que no he hecho nunca) para que esto acabe siendo otra franquicia clientelista como las demás. Seguiré tus futuros artículos con mucho interés. Cordiales saludos

http://sentidocomun001.blogspot.com/

Javier Carroquino Oñate | 4 de septiembre de 2009, 13:54

Hola a todos.

Esto que dice el anónimo Mármol a Gerardo Hernández Les, referido a su edad, es una zafiedad como pocas he visto. Cualquier persona bien formada respeta a las personas mayores, tanto por educación como por la certeza de que poseen virtudes muy necesarias para el conjunto de nuestro entorno y de la sociedad.

Escribe cosas ofensivas y vejatorias y luego se extraña del rechazo que genera en quienes lo leen.

Por cierto, Josefina, no creas que Mármol sabe gran cosa de gestión de empresas. A mí también ha tratado de darme lecciones, las que no me han dado como ingeniero especializado en organización industrial, ex-directivo en tres multinacionales y empresario.

Aconsejo desconfiar de quienes comparan la política con la empresa. Esa confusión, además de proceder habitualmente de personas que poco saben tanto de una cosa como de la otra, encierra una componente fascista importante. Y no se lo voy a explicar a Mármol, que lea un poco.

Saludos.

Josefina Fraile | 4 de septiembre de 2009, 13:58

Gerardo, siento haber disgregado anoche. El tiempo de respuesta a tu excelente análisis lo desperdicié contestando el post de un cibersicario (¿al servicio de quien?) que ya por el hecho de cobijarse en el anonimato para descalificar a quien no puede rebatir, debiera quedar fuera de toda consideración. Volviendo a tu artículo, es muy triste llegar a conclusiones de esta magnitud, no tanto por sentirse engañado como por el engaño en sí. Pero solo se entienden los hechos que acontecen en UPyD, a la luz de una estrategia semejante. Las pautas marcadas por la dirección del partido, inequívocamente leninistas, prueban que la pretendida regeneración democrática era solo una publicidad engañosa. Y que no hay cambios express cuando se trata de los límites culturales, sobre todo politicos, mucho menos cuando se habla de los mecanismos por los que se fragua la pertenencia a un partido como el PSOE. Al ritmo al que se suceden los contrasentidos, persistir en la confianza de que esto tenga arreglo por parte de quien produce el descalabro sería ya una necedad. La única esperanza que nos queda de salvar este proyecto es por parte de quien lo hizo posible. Las bases. Esas mismas bases en quien el partido demuestra no confiar ni una pizca, alienándolas de todo proceso de decisión, valorando su existencia únicamente en periodo electoral para sacar adelante el trabajo de obreros que les corresponde. Las bases que yo conocí hace año y medio no permitirían ni en sueños esta deriva y este abuso de poder. La prueba está en que los que no han abandonado el partido han sido expedientados por ello. Y con ellos fuera de juego, ¿Quienes son las bases de hoy? ¿Qué piensan? ¿Qué harán? A pesar de que, salvo honrosas excepciones, no se les ve reaccionar ante lo que sucede, con o sin nicks, y eso me preocupa, les otorgaremos el beneficio de la duda y seguiremos tirando de confianza ciega hasta el congreso de noviembre donde demostrarán a este país, la gran cuestión entre el ser o el no ser. Mientras tanto, me emplearé en razonar el peor de los escenarios. Gracias por tu trabajo. Josefina Fraile

Héctor | 4 de septiembre de 2009, 21:37

PARA MÁRMOL

La verdad, como dice Josefina Fraile su apodo se ajusta a la personalidad - psicológica y emocional - que trasluce de su comentario , que por el mismo debemos situarle en una edad bastante más juvenil que la de a quien se dirige, aunque si analizamos el comentario está Vd. a años luz del Sr. Hernández - como en otra Galaxia - en lo que a la frescura ,capacidad intelectual, actualidad, contenido y forma del comentario.
Marmol , que nosotros tengamos una vocación democrática no nos obliga a que en esta Blog - espero tomen debida nota los administradores de este comentario – a permitir insultos gratuitos; no les da derecho a los que tienen miedo a la democracia a utilizar la vejación, la des calificación y la ofensa . No me cabe la menor duda de que es Vd. uno de esos penosos afiliados que viven al margen del problema que acontece en el partido por su ductilidad ideológica y ética en espera de recibir su premio en forma de cargo político en el futuro, que no van a tener. No se si está Vd. en el Consejo de dirección o si recibe consignas del mismo para decir lo que dice - no engaña a nadie - pero lo único que deja ver en el mismo, es la insidia personal hacia el firmante de un análisis del que Vd. es incapaz de rebatir ni una sola coma a pesar su juvenil edad. Por el contrario, personas de la calidad humana , intelectual y moral del SR. Hernández Les, hay muy poquitos. Como muy bien dijo Josefina Fraile el hecho de que el Sr. Hernández Les esté expedientado por nada es el reflejo de lo que es UPYD - no se apure Vd. que hay mucho por decir todavía -, sus dirigentes y todos los afiliados serviles que callan como en el silencio de los corderos. La caída ideológica y de careta del partido hace una selección natural que salta a la vista y que se puede resumir en que para unos el fin no justifica los medios y para otros sí; que unos han venido a regenerar la democracia, a oxigenar esta sociedad y otros, a servirse de ella desde una publicidad engañosa y una ductilidad ideológica y ética a comodidad del viento que sople , francamente irrespirable . Nosotros estamos para lo que vinimos, para lo que firmamos el día que nacimos como partido, para crear un proyecto de regeneración de la democracia; somos leales con el manifiesto fundacional ; estamos con el compromiso inicial, sin cambio , con las mismas ambiciones. USTEDES han utilizado el mensaje regenerador para montar un bunker estalinista a pesar de que estamos en el siglo XXI .
En otro orden de cosas , GRACIAS GERARDO . Espero de tu fortaleza y generosidad sigas en esa contribución en favor de una sociedad mejor y más justa.
Un fuerte abrazo

imerida49 | 5 de septiembre de 2009, 9:56

Buenas: creo que no hace falta dar protagonismo a personas como el Sr, Marmol es lo que buscan hay que olvidarlos y no prestarles la más mínima atención, cuando alguien se dirije a él recriminandolo, su ego sube como la espuma y le dá fuerzas para seguir cosa que no ocurriria si nadie prestase atención a sus comentarios.
Hoy he leido un comentario sobre las virtudes de Internet del Fhürer CMG en la página Web de la UPyD que no tienen desperdicio y que podria haberlas firmado el Marmol este de aqui. Saludos Ignacio Mérida Santander Cantabria

J. | 5 de septiembre de 2009, 14:36

Sí, señor. Acaba de largarlo todo muy claro, tan bien, Clemente Polo con su "¿Herejes o Comisarios Políticos?" por 'El País'.

Lamentablamente, no se podrá desmentir nada de lo que más grave dijo ese otro autor... Está visto que cuando algunas musas pretenden cegar a los héroes les hacen creer lo que sus pelotas cantan, espantando esos bufones y herejes tan precisos, aunque sea como los 'abogados del diablo'; siempre...

Nunca me será comprensible cómo aquella gran esperanza "R-10" tiró impávida su capital crítico, encerrándose con este "búnker" de quien réplicas no admite ni en los blogs, por un pánico a perder su sillón partidista que nadie lograría justificar.

Vista su bochornosa práctica y, sobre todo, la incapacidá para salir diciendo eso que a otros pidió tantas veces del "¡lo siento pero estaba equivocada!"... ¿qué más puede darnos ya su oferta para superar "bipartidismo tradicional", con sólointegrar su camarilla "minoritaria" en otro "Tripartidismo" nuevo?

Para tal simpleza de viaje sobrarán las alforjas críticas o alternativas que, de verdad, los "regeneradores" tenemos preparadas.

imerida49 | 6 de septiembre de 2009, 16:41

Buenas: si me leen en mi Blog http://imerida49-mrida.blogspot.com/ verán que estamos intentando buscar soluciones y no llorar y compadecernos. Gracias anticipadas. Ignacio Mérida